
Lo que comenzó como evasión se convirtió en dependencia. La necesidad de sentir evolucionó en un ciclo de deseo, saciedad y abstinencia, donde cada experiencia exigía más que la anterior. En ese tránsito, la identidad se diluye y el entorno influye en la construcción de una versión alterada del ser, marcada por la presión social, el consumo y la constante búsqueda de validación.

Desde la fotografía y la moda, este proyecto traduce la adicción como una metáfora del consumismo contemporáneo. El sistema actúa como proveedor de deseos mientras el individuo asume el rol del adicto. La estética se convierte en un lenguaje que expone exceso, aspiración y decadencia, revelando cómo la necesidad se construye y se normaliza dentro de una sociedad guiada por la apariencia.





